Envejecer nos lleva a perder ciertas capacidades, pero no tienen porqué ser todas ni, obviamente, se pierden todas de golpe.

Una de las primeras ideas que podemos tener es contratar a una persona que los cuide en su propio domicilio, ayudándolos en aquellas tareas que les empiezan a resultar difíciles. 

Cuidar a los mayores en casa, ya sea la suya propia o la nuestra tiene múltiples ventajas respecto a internarlos en una residencia: pueden mantener sus hábitos y rutinas en un espacio conocido, preservar su intimidad y mantenerles su propia independencia.

Aunque podemos contratar a estas personas en diferentes modalidades (unas horas al día, durante al noche, internas…) estas son las principales tareas que realizarán para nuestro familiar:

¿Cuáles serán sus principales tareas?

  • Compañía.

Una de las primeras cosas que echan en falta los mayores es la falta de compañía, y más ahora que los centros de día y otros lugares de ocio están cerrados debido al coronavirus. Un cuidador suplirá este problema. Quizás, si comparten alguna afición por un juego, pueden jugarlo juntos y así también ayudar a mantener ágil su mente.

  • Actividades motoras y cognitivas.

Además de la compañía, estas personas realizarán tareas para mantener activos a los que cuidan, haciendo que piensen y se muevan para mantenerlos lo más activos posibles.

Desde paseos hasta actividades que refuercen sus habilidades cognitivas cómo jugar al ajedrez o hacer puzles, lo importante es que se mantengan activos para que puedan seguir siendo lo más independientes posibles. Aquí te dejamos algunas actividades que los mayores pueden realizar en casa.

Estas actividades pueden ir desde dar pequeños paseos por el barrio a otros ejercicios de estiramiento para evitar lo máximo posible el dolor en músculos y articulaciones.

 

  • Cuidado personal.

Lavarse el pelo, peinarse o incluso ducharse. Todo dependerá del nivel de independencia del adulto mayor al que deban cuidar, pero todos nuestros cuidadores tienen experiencia en el aseo de ancianos.

Este punto es especialmente importante en el caso de personas que deban permanecer en cama, ya que el cuidador deberá realizar esta labor en ese lugar, teniendo también conocimientos sobre cómo mover a una persona inmovilizada y cómo evitar las rozaduras o escaras que se producen al pasar mucho tiempo encamado o tumbado.

  • Alimentación y limpieza.

A algunas personas se les comienzan a hacer pesadas las tareas de la casa y, en algunos caso, especialmente los hombres, apenas saben cocinar más allá de lo básico. Un cuidador estará pendiente de todas estas tareas, cocinando una dieta equilibrada y teniendo en cuenta las posibles restricciones alimentarias que deban seguir por recomendación médica.

Podéis preparar conjuntamente un plan de comidas e, incluso, enviarles a domicilio la compra para mayor comodidad de todos.

En casos de una mayor dependencia, esta persona también se ocupará de darles de comer.

  • Control de medicamentos y asistencia médica.

Un cuidador estará debidamente informado sobre los medicamentos que deben tomarse y a qué horas, por lo que no deberemos sentirnos intranquilos sobre si olvida una dosis o la toma doble. También estará capacitado para realizar pequeñas curas o masajes.

En los casos que el anciano o dependiente deba permanecer en cama, también tenemos que tener en cuenta a la hora de buscar un cuidador que sepa mover al enfermo sin causarle perjuicio, sabiéndolo asear para prevenir rozaduras y escaras.

  • Acompañamiento al médico y a otros lugares.

Muchas personas cuando envejecen comienzan a sentirse inseguras en la calle o realizando actividades que siempre han sido capaz de hacer solos, como ir al médico, a la compra o a la peluquería. Tener un cuidador ayudará con todas estas cosas, ya que no tendrán que realizar solos ninguna actividad. Esto es especialmente importante para que no se recluyan solos en casa.

 

Y tú, ¿qué puedes realizar para esos mayores?

  • Visítalos regularmente, no los abandones ni los dejes solos, sobre todo si sabemos que no viven acompañados. Si no podemos visitarlos tanto como nos gustaría, llámalos cada día para saber cómo están.
  • Inclúyelos en tus planes cuando sea posible. Puedes invitarlos a tus comidas del fin de semana, llevarlos a dar un pequeño paseo o a visitar a otros familiares.
  • Empodéralos. Anímalos ante cualquier cambio positivo que realicen. Refuerza con palabras positivas las cosas que hagan bien. Encárgales pequeñas tareas que puedan realizar con poco esfuerzo.
  • Es importante estar pendientes de su salud mental y física. Esto puede suponer una gran diferencia en su calidad de vida, ya que muchas enfermedades pueden ralentizarse o curarse si se encuentran en sus primeras etapas.
  • Ten paciencia con ellos. Muchos no quieren admitir la pérdida de ciertas capacidades físicas o cognitivas y es mejor evitar un enfrentamiento. Cuando notes que deja de hacer ciertas cosas que hacía regularmente (como ducharse cada día, bajar la basura, cocinar…) o que comienza a hacerlas mal (por ejemplo, no sabe cuánto dinero ha gastado o dónde lo ha gastado) ofrécele tu ayuda sin imponérsela por la fuerza. Por ejemplo, puedes ofrecerte a ir un día con ellos a hacer la compra y luego cocinar juntos para el resto de la semana.
  • Aunque tengan un cuidador, en algunos casos preferirán la compañía de un familiar a la del cuidador, por ejemplo, para ir al médico. Cuando te sea posible, acompáñalos tú.
  • Si sabes que tienen algún hobby o que haya alguna actividad que les guste realizar contigo, reserva tiempo en tu agenda para ello.
  • Comparte todas estas tareas con otros miembros de la familia, cada uno dentro de sus posibilidades.

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